Queridos amigos: Este año se cumplió el veinteavo aniversario de la primera expedición argentina que dobló el Cabo de Hornos, en kayak. Dicha navegación fue organizada, producida,dirigida y realizada por el mentor del kayakismo de travesía enla República Argentina.
Excepto un comentario de Claudio Scaletta y de otrocompañero patagónico, el asunto transcurrió, en nuestro foro, sin mayor difusión. Me he tomado, por lo tanto, el atrevimiento de escribir el suceso (en versión libre y con las libertades propias del narrador), como homenaje al iniciador de ésta actividad, que nos apasiona sobre manera y que tantas satisfacciones ha brindado.
En mi relato, hay varias situaciones y personajes imaginarios. Pero el hecho en sí, la magnificencia del mismo y la grandeza de espíritu de sus protagonistas, no difierenen un ápice de lo sucedido en realidad. Para Ricardo Kruszewski, entonces, con todo mi reconocimiento, agradecimiento y amistad. Un abrazo. Eduardo Ibáñez Padilla
- Deberá ser algo grande - dijo el flaco, iniciando el diálogo.
- No va a resultar fácil. - Contestaron varios de los presentes, al mismo tiempo.
Se encontraban todos juntos por pimera vez, luego de la exitosa travesía en kayak por las paradisíacas aguas del canal de Beagle, al sur de la República Argentina. Siendo el motivo de la reunión, elegir el destino del próximo viaje que proyectaba realizar el grupo.
- Hemos navegado ya, los grandes ríos del país, sus lagos mas importantes, todo el litoral del Uruguay y los mares patagónicos, - expresó el mas jóven, cavilando en vos alta - la siguiente travesía tendrá que superar con creces, lo realizado hasta el momento.
- Yo pensaba en doblar el Cabo de Hornos- comentó Ricardo(1), con la mayor naturalidad. Se produjo un profundo silencio, mientras flotaba en el ambiente el asombro y la sorpresa, con que reaccionaron al escuchar éstas palabras, los aventureros presentes. La isla de Hornos es el punto de latitud más austral perteneciente al continente americano; encontrándose en su extremo sur, el mítico cabo que lleva su nombre. En ese lugar termina el Nuevo Mundo, y es ahí donde se produce la confluencia de los océanos Atlántico y Pacífico. El choque de ambas aguas y los vientos peremnes que allí reinan, dan lugar a fuertes correntadas y enormes olas, motivo del naufragio de innumerables veleros, que intentaron doblar este accidente geográfico, a través de los siglos.
- ¡Estás loco! - le increpó cariñosamente uno de los amigos, mientras le palmeaba la cabeza.
- ¿Sabés cual es la diferencia entre un loco y un emprendedor exitoso? - preguntó Ricardo, con una sonrisa en los labios.
- No. - Contestó algo intrigado su interlocutor.
- La planificación. - Replicó sin inmutarse, el líder del grupo.
- El desear vehementemente la concreción de un logro, no garantiza el obtenerlo. -Razonó el flaco (que era el mas cerebral de todos).
-Eso es una "expresión de anhelo" -contestó Ricardo- yo me refería a la Planificación, como la primera de las funciones de la ciencia de la Administración.
-¿En que consiste?
- Planificar, es fijar hoy los objetivos que se concretarán mañana; estableciendo los programas, procedimientos y recursos necesarios para lograrlos. Observarán que es una herramienta poderosísima para obtener un fin determinado, y que utilizada correctamente, convierte una idea intangible en una realidad concreta. Quedaron todos callados por un momento. Hasta que casi en zuzurros, alguien realizó la pregunta que nadie se atrevía a formular: -¿Piensas que tenemos posibilidades de lograrlo?
- En las condiciones actuales, ninguna. Deberemos trabajar duramente para revertir esta situacion.
- ¿Porqué resultaríamos exitosos, entonces, en un emprendimiento que ha llevado al fracaso a mas de un avezado navegante?
- Porque poseemos las tres condiciones necesarias para lograr éste cometido.
-¿Cuáles son? -requirieron atentamente.
- Muchas ganas de remar y tiempo para cumplimentar, paso a paso, lo determinado en una detallada planificación.
- Has hablado sólo de las dos primeras... -La tercera condición - concluyó Ricardo - es navegar en la embarcación adecuada. ¡Y nosotros lo haremos en kayaks de travesía! En algunas ocasiones, a la hora en que el sol comienza a ocultarse del otro lado del mar, y a caer sobre la costa las primeras sombras del crepúsculo... entremezclados con ellas, suelen retornar silenciosamente Jaius y Yahán. Van a ocupar, como siempre lo hicieron, su lugar favorito en la punta del peñasco, que divide en dos a la pequeña bahía.
Ambos fueron, en vida, integrantes de la etnia Yámana, los aborígenes canoeros que habitaron durante miles de años, la zona sur de la Tierra del Fuego. Ya no existe ninguno de esa antigua raza, adaptada estupendamente a las exigentes condiciones ambientales del fin del mundo. Desde que los hombres blancos (que los consideraron "salvajes") se asentaron en la zona, hasta la desaparición del último de ellos, transcurrió menos de una centuria. En tan exiguo lapso de tiempo, los humanos pertenecientes a la civilización mas avanzada de la historia, borraron de la faz de la tierra a una cultura, que a través de milenios habitó ese país, conviviendo desde siempre, en perfecta armonía con la naturaleza.
- ¿Observas esas extrañas naves que se aproximan? -preguntó Jaius, que como buen Yámana, poseía una visión excepcional?
- Son las canoas que se utilizan ahora -acotó su compañero-, copias exactas de las que tripulaban los habitantes del otro océano polar. Ricardo, a la cabeza de la flota de kayakistas, dando vigorosas paladas, enfilaba directtamente hacia la boca norte de la caleta. Navegando con intenciones de cruzar la rompiente y recalar en la playa de canto rodado, luego de una agotadora jornada de remo. Sería ésta la última acampada, ya que a la mañana siguiente, de cumplirse lo planeado, concretarían el anhelado objetivo de arribar al cabo de Hornos.
- Va a ingresar por la entrada grande - exclamó Jaius alarmado.
- Sí -contestó Yahán.
- Se topará con la roca que oculta la ola.
- Sí -contestó Yahán.
- Le haré señales para prevenirlo del peligro. Recuerda que ya no pertenecemos a su mundo -explicó pacientemente Yahán.
- ¿Significa que por el hecho de ser un espíritu, no puedo comunicarme con ellos?
- Significa que no los favoreceríamos si lo hiciéramos.
- ¿Porqué? -dijo Jaius exaltado-. ¡Se van a estrellar!
- Porque les impediríamos aprender de sus propias experiencias, que es la manera que tienen de progresar. De repente, Ricardo escoró su bote hacia estribor, mientras efectuaba una potente remada semicircular, haciendo girar el kayak hasta enfilar su proa hacia la entrada sur. Seguido por todos sus compañeros, atravesó con habilidad la rompiente, llegando a detenerse suavemente, en el borde mismo de la playa.
A la noche, luego de una reparadora comida, estando ya todos ubicados en los sacos de dormir, prestos a conciliar el sueño, uno preguntó con voz casi inaudible:
- ¿Qué te hizo cambiar de dirección a último momento, e ingresar por la boca estrecha de la bahía?
- Observé un remolino sobre la cresta de la ola, que me recordó a una situación similar, en la que estrellé mi kayak contra una piedra sumergida.
- ¡Debemos el feliz arribo, entonces, a nuestra buena fortuna! - festejaron entusiasmados los exhaustos remeros. - Les será de gran utilidad entender que la buena suerte no existe, como tampoco la mala. - Contestó el líder del grupo- Simplemente, las oportunidades que se presentan en la vida, serán mejor o peor aprovechadas, en la medida que uno se encuentre más o menos preparado para recibirlas. Al mismo tiempo que apagaba la linterna, continuó diciendo:
- Tengan en cuenta además, que las probabilidades de éxito se incrementan, cuando uno aprende a transformar los decepcionantes fracasos, en útiles enseñanzas. Minutos después todos dormían plácidamente, reponiéndose del esfuerzo realizado en la agotadora jornada. Dentro de la carpa se escuchaba un desacorde concierto de ronquidos. Y fuera de ella, el rugir de las olas al romper contra la playa, y el permanente ulular del frío viento del sur. A la mañana siguiente cuando se hicieron a la mar, soplaba el Noroeste con diez nudos de intensidad. La onda marina mantenía separados a los remeros, encontrándose cada uno a solas con su propia realidad.
Los kayaks subían y bajaban las empinadas crestas, que se agitaban como queriendo impedir la intromisión de los atrevidos visitantes. Durante casi tres horas avanzaron dificultosamente, con la preocupación de que si el viento aumentaba, las olas comenzarían a romper, generando una situación de extrema peligrosidad. De repente apareció ante su vista el famoso peñón, ícono característico de la isla ubicada más al sur. Una enorme mole granítica, que cae al agua en forma vertical y es fuertemente golpeada por las olas. Generando así las temibles ondas reflejadas, semejantes a verdaderas montañas movedizas, que al chocar unas con otras, se multiplican desparramándose en todas direcciones.
Los kayaks, diminutas embarcaciones que desafiaban sin temor al embravecido mar, airosamente se deplazaban cabeceando, escorano o virando... pero sin perder el rumbo, hacia donde eran dirigidos por sus obstinados tripulantes. Haciendo punta, el capitán de la flota experimentaba la satisfacción de navegar un bote por él fabricado, que respondía perfectamante a su comando, y que estaba a un paso de llevarlo al sitio mas austral del continente americano.
- "¡Quiero que el kayakismo sea mi pasatiempo, mi trabajo, mi obsesión!"(2) -gritó como un juramento, con toda su voz, a los cuatro vientos. Y al mismo tiempo que el sol llegaba al mediodía, Ricardo ejecutó una histórica palada, que lo cruzó del océano Atlántico al Pacífico, mientras doblaba el Cabo de Hornos... Ganándose para siempre, con ése pequeño e inmenso acto, un destacado lugar entre los grandes.
FIN
Eduardo Ibáñez Padilla, Córdoba, 25 de Septiembre de 2006(1) Ricardo Kruszewski, capitán de la primera> expedición argentina que dobló, en kayak,> el Cabo de Hornos. (1986)>> (2) Lema del astillero SDK.
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